Cumpleaños
Una hora antes de que empiecen a llegar los invitados se largó uno de esos aguaceros furiosos de verano; venía con gotas gordas y pesadas que en diez minutos inundaron la calle de cordón a cordón. Además se levantó un ventarrón que hasta tiró unos árboles en el Parque Chacabuco. “No va a venir nadie” pensó, mientras bajaba unas latas de cerveza del freezer para que no se congelen. “¿Quién me manda a mi?” se dijo, utilizando el tono de la resignación. La amargura de la soledad se le acomodó atrás de la tráquea y le empujó una pelota agría hasta el estómago. Tragó saliva y miró el reloj. *** En la terraza salpican, como bailando, las gotas sobre las mesas y sillas de madera; el desagüe engulle el agua barrosa mezclada con las hojas de los árboles que el viento desparramó por todas partes. Banderines y foquitos de colores colgados resistían, tenaces, el bamboleo de la terraza del tercer piso. Cabizbajo se acomodó en una silla, entonces el agua le mojó el tras...